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16 de febrero de 2007

Juanita "Patas de alambre"



Juanita “Patas de alambre” bailaba por las noches en el patio trasero del edificio en el que vivía con su madre. A Juanita le encantaba bailar, aunque ella creía que lo hacía muy mal.

Su madre, una mujer que superaba los cien kilos de peso, y cajera en un pequeño supermercado del barrio, se enorgullecía del talento de su hija “Es una bailarina hecha y derecha. Cuando tenga un poquillo de dinero la apuntaré a una academia de baile” le decía a sus amigas. En cierto modo, la madre veía en su hija el proyecto que ella siempre hubiera querido ser, pues también le encantaba bailar, aunque el problema de sobrepeso que tenía le impidió dedicarse a ello.

Miguelito, el “Ratón”, solía acudir a aquellas sesiones nocturnas de baile, y se deleitaba mirando cómo Juanita se movía y observando los extraordinariamente difíciles pasos, o al menos eso le parecía a él, que ella realizaba. A Juanita no le importaba que él mirara, porque conocía a “Ratón” desde que eran pequeños, y les unía una gran amistad, a pesar de no superar entre los dos los veinte años.

Los amigos de Ratón solían reírse de eso. “¡¡Qué, Ratón!! ¡A ver si te vas a liar entre tanto alambre!” Pero Ratón no hacía caso.

Juanita, al contrario que su madre, y como su propio sobrenombre indica, era muy delgada, sobretodo sus piernecitas, que eran muy delgadas, y lo parecían más cuando las movía a toda velocidad emulando a sus ídolos del baile.

Un día, Miguelito trajo en secreto a un señor con bigote, el señor G, amigo de su padre, que se movía en el negocio del espectáculo, al que le dijo que conocía una bailarina portentosa. Sin que Juanita lo supiera, el señor G la estuvo observando tras un pequeño agujero que había en la valla del patio, y que Miguelito conocía perfectamente. El señor G, a pesar de su dilatada experiencia en este mundillo, se quedó francamente impresionado, y le propuso a Miguelito que su amiga fuera el día D a la hora H al lugar X para que la pudieran hacer una prueba objetiva para una importante representación en la que hacían falta bailarinas de talento. El señor G estaba convencido de que el papel sería para Juanita, y que prácticamente sería un mero trámite. Había que pagar una pequeña cantidad en concepto de cuota de inscripción para realizar la prueba, pero Ratón juntó todos sus ahorros y se los dio al señor G, porque confiaba ciegamente en la capacidad de Juanita.

Miguelito, sin decir nada a Juanita “Patas de alambre” del señor G, pues sabía que se disgustaría, intentó convencerla de que fuera aquel día a realizar la prueba. Le habló de lo maravillosa que era, de lo bien que bailaba, y de que él confiaba en ella. También le dijo que había gente que pensaba que ella bailaba muy bien, además de su madre.

-Juanita, bailas muy bien.
-Gracias, Ratón.
-Pues me han dicho que hay un sitio donde hacen pruebas de baile…
-¡¡Qué gracioso eres ratón!!
-Pues yo creo que si fueras, ganarías.
-No. Lo haría muy mal. Seguro.
-¿Por qué? Yo creo que bailas muy bien.
-Me pondría nerviosa y me equivocaría.
-Pues yo creo que no, y que aunque te pusieras nerviosa ganarías.
-No bailo tan bien.
-Pues algunas personas me han dicho que bailas muy bien.
-¿¿Qué personas??
-Pues… gente, no sé.
-Sí, ya, seguro.
-Que sí ¡Y me han dicho que el día D habrá pruebas a la hora H!

Y Juanita seguía bailando y dando vueltas. Y a veces pensaba que era verdad, y sentía de verdad que bailaba muy bien.
-¡Bueno, a lo mejor podría ganar!
-¿Irás a la prueba?
No sé… bueno.

Y se reía. Se reía, porque sabía que él la estimaba, y pensaba que no era objetivo en sus valoraciones. Le dio la razón en todo, pero el día D Juanita no fue a la prueba.

“No es que no me creas a mí.” dijo Ratón, “Es que no te crees a ti misma.” Y Ratón siguió viendo bailar por las noches a Juanita “Patas de alambre”, siguió deleitándose con aquellos prodigiosos movimientos alambrísticos, siguió con la ilusión en sus ojos de verla brincando donde ella se merecería, y con su valoración “poco objetiva” de lo mucho que valía Juanita, pero nunca volvió a pagar un anticipo para que ella realizara la gran prueba de baile.

O tal vez no fue así. Tal vez Juanita fue a la prueba y no fue seleccionada, y nunca se lo dijo a Ratón porque no podía soportar el fracaso, ya que ella, en su fuero más interno, soñaba con ganar una prueba así, con ser seleccionada y con ser bailarina. Y aquello era el primer paso para una gran bailarina. Pero tropezó, y el único que había creído en ella no podía saberlo, porque sería el testigo mudo de su fracaso, del “¡Puede que baile bien, pero no es tan buena!”

O tal vez Juanita fue seleccionada, ganó, y se metió de lleno en un mundo de candilejas, de luces y sombras. De dinero a veces fácil, a veces difícil. De rachas de buena y mala suerte. De momentos buenos en los que no se acordaba de Ratón, en los que hacía el amor con muchos hombres, y con un señor G en especial que tendría mucho poder, de risas histriónicas, y de momentos malos en los que se sentiría como una puta y en los que lloraría en el hombro de Ratón. De botellas de champán descorchadas en su nombre, de locos esperándola en el camerino con ramos de flores, de su nombre en los periódicos, y de días en los que la prensa le haría fotos feas, en los que no se hablaría bien de ella y en los que el señor G. de turno no quisiera saber nada más de ella, quizá porque ya no vendiera, o porque todo era un espejismo creado para vender, o porque ella no valía nada más que lo querían construir con una base endeble de alambre.

Tal vez Juanita acabó siendo cajera en el supermercado del barrio, como su madre, o tal vez su madre se ahorró el dinero de las clases de baile y le pagó unos buenos estudios a Juanita, o tal vez, por qué no, Juanita “patas de alambre” acabó siendo una diva, y siempre respetó y quiso a su amigo en la sombra, Miguelito “el Ratón”.


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9 comentarios:

Wilde dijo...

PLAS PLAS PLAS PLAS - que chulo tu cuento y con mensaje y todo.!!!

por cierto, no he podido escuchar la genial canción de los Crash Test porque no arranca. Creo que hay una instrucción HTML que te arranca en automático las canciones de cada último post, al menos lo he visto en algún blog. Me hubiera molado leer la historia con la canción. Que penita...

1 saludo

BalaNegra dijo...

Gracias.

He revisado la carga de la música de este post en varios equipos diferentes, y me ha funcionado en todos. Probablemente fallara algo cuando cargaste tu página.

Sé como configurar el blog para que arranque la canción que yo quiero cuando se cargue la página, pero no lo hago porque pienso que a lo mejor hay personas que prefieren no oír música en ese momento, o pararla momentáneamente y no pueden hacerlo. Por eso prefiero que el que lee el blog tenga el control en todo momento.

Intenta cargarla de nuevo, a ver si hay suerte y la puedes oír.

Un saludo.

Wilde dijo...

Si tenías razón; al final conseguí cargarla sin problemas. Fallo de mi explorador en ese momento. Merci...

OhLoto! dijo...

PRECIOSO RELATO!! Me quito el sombrero ante tí, oh señor!!

Aunque preferiría creer que Juanita SÍ fue a esa audición, alcanzó su sueño de bailar, y se casó con Ratón, el increíble hombre-niño.

Y que fueron felices y comieron perdices.

zalakain dijo...

Muuy bueno, tío

muuy bueno

zalakain dijo...

Juanita parece tener algo de Deborah y Ratón algo de Noodles

BalaNegra dijo...

Me alegro de que te haya gustado, Zalakain. Supongo que con lo de Deborah y Noodles te refieres a la película Érase una vez en América (Bendito Google.)
No la he visto, pero lo que acabo de leer al respecto promete bastante, así que en cuanto pueda la visionaré.

Saludos.

BalaNegra dijo...

Ohloto! Tú y tus pelis de Bollywood. De todas formas, el final está abierto, así que puedes acabar la historia como más te guste :-)

Susana dijo...

Hola
Me ha gustado mucho el relato, pero hombre dale algo de comer a la chica, que está en los huesos!
(jajaja)
Un saludo